Un editorial DDC habla de la poca visión política y proceder erróneo del
movimiento Damas de Blanco, organización con una visibilidad alcanzada con
constancia y, si no astucia, a mi entender con la suficiente luz larga. Todas
las figuras políticas se mueven con un aparataje de asesoramiento detrás, un
equipo invisible que se adelanta a los acontecimientos, que prevé y así toma
las decisiones importantes, este equipo de asesoramiento y preparación, por
cierto, las Damas de Blanco nunca han tenido la oportunidad ni siquiera de soñar
con tenerlo, y aquí hablo de gran parte de la oposición interna.
El editorial insiste con un “deberían” esto “deberían”
aquello.
Yo lo que veo aquí ─no hablo solo de DDC, sino de todos los
medios que se han hecho eco de la “noticia”: Café Fuerte, Martí Noticias, El Nuevo Herald─ es muestra de un gran irrespeto y
desfachatado oportunismo mediático.
Falta de análisis profundo y ninguna intención de
centrarse en lo más importante.
Y una absoluta ausencia de solidaridad, llamado a la
tolerancia, indignación y predisposición a solucionar o ayudar. Todo lo que veo
es alboroto, fanguero: no muy lejanos al alboroto y fanguero mediático de
Granma o Juventud Rebelde. Con esta actitud aportan a fomentar esa división, fragmentación
de la que hablan, esa desacreditación que sufre desde siempre toda la oposición
en Cuba.
Tengamos algo bien claro: es este momento un crucial, sí,
histórico, que vive nuestra nación, donde los actores políticos que no son
representantes del gobierno se han mantenido en el anonimato, pues en Cuba
apenas la “oposición” conocida son algunos disidentes, cuyos nombres ni se
conocen, ni los domina la gran cantidad de gente que sí conoce el nombre Díaz
Canel y hasta de “los cinco” (pregunta obligatoria en primaria en la asignatura
Educación Cívica).
En este momento crucial que determinará el curso de
los próximos 50 años, figuras con un discurso como el de Berta Soler, Antonio
Rodiles, y quizás hasta Rosa María Payá, simplemente ESTORBAN: no convienen.
Quienes cuelgan ese pedazo de video, y quienes lo circulan, promueven una imagen fea de la oposición en Cuba: quieren pintar una oposición obsoleta y ridícula en
vez de centrarse en lo verdaderamente obsoleto: el gobierno cubano, su cámara
de representantes y la familia Castro, heredera de los próximos asientos claves
del poder económico y político en Cuba.
Los medios de prensa, medidores de la opinión pública,
al reproducir y sobredimensionar esta falsa noticia, solo están empujando y
ayudando a sostener la gran presión que desde siempre ha habido sobre este
movimiento, también clave porque es el único a mi entender que ha sabido
conquistar la calle en un país donde la Constitución vigente prohíbe la
manifestación y la protesta, la libre expresión, opinión y prensa
independiente, la asociación y libre economía. O sea, estamos hablando de una
férrea dictadura, cuyos planes son y serán mantenerse en el poder, a todo
coste.
Aquí el asunto de estudio es el siguiente: en Cuba la
protesta espontánea no existe.
La han matado a base de terror sicológico, a base de
cultura de pachanga ideológica.
Un ejemplo simple: TeleSur pone un video, vemos a los
argentinos gritándole a la Kirchner: HIJA DE PUTA, HIJA DE PUTA. Tienen
consignas, tienen carteles, tienen voz y derecho a la protesta.
¿Es esto un “acto de repudio”? El léxico “revolucionario”
ha subvertido los conceptos, los significados.
Lo que vemos en un video trunco, porque hasta ahora
ningún medio de prensa ha sabido esclarecerlo ─llegar al antes y al después,
cronológicamente: analizar desde lo más básico, neutral, imparcial que sí “debería”
hacer un medio de prensa que se respete, antes de publicar una editorial de
prensa con matiz de artículo de opinión, sin siquiera firma─; es precisamente
una protesta, estas mujeres están protestando porque a una de ellas se le pidió
civilizadamente que no estuviera allí, después de hablar (porque según testigos
Alejandrina sí que habló) y después de tener que tragarse su presencia,
impuesta, a mi humilde entender, para provocar: un clásico
mecanismo de la Seguridad del Estado cubana, que hasta ahora, casi sin
excepciones, ha funcionado). Se le pidió que esperara a lo que se decidiera en
una reunión privada con las representantes de las provincias (porque
Alejandrina pertenece al movimiento en Matanzas), que no estuviera ese día en
el Té Literario y ella no esperó, no acató una simple petición de su líder, a
quien según el reglamento debe un mínimo respeto, sino que provocó esta
situación de caos espontáneo que vemos, porque ─aquí sí estoy de acuerdo con el criterio de DDC─ esto no es precisamente un “acto de repudio” (según la
definición del glosario “revolucionario”) como han querido hacer ver los que subieron
el vídeo con una intención claramente desestabilizadora; es una situación que
ellas mismas no saben cómo manejar, y por eso quedan tan mal paradas, a ojos no
entendidos.
Sobre todo, preocúpense de mejorar el periodismo que se está produciendo sobre Cuba, que eso también deja mucho que desear.
Hago un llamado a la
inteligencia, precisamente lo que achacan que falta en la oposición cubana, al
despojo del mecanismo de pensamiento analítico en falso que implantó el aparato
represivo del gobierno cubano en todas nuestras cabecitas.
Hago un llamado a la
solidaridad más elemental.
Paz y tolerancia son palabras
huecas si no se piensan con una aplicación práctica.
Cuestiónense el mal proceder de una dictadura
instaurada desde hace más de medio siglo (porque eso sí es “lamentable”), no se pierdan en cuestionar el acaso mal proceder de estas mujeres, que no merecen insultos, ni desaprobación, sino admiración
incondicional, porque hacen más de lo que pueden.
Y piensen en cuál de los dos está más preparado para rectificar, que según dicen, es de sabios.
Canal de Ángel Moya
Marcha
632, Berta se refiere a lo sucedido en la sede de las Damas de Blanco, el
16 de diciembre de 2014.
Leer la "noticia más completa" hasta ahora en El Nuevo Herald, medio que llegó a publicar una


